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jueves, 29 de marzo de 2018

Jueves Santo. Cristo da tres regalos a su Iglesia

"Con la Cena del Señor tiene inicio en la iglesia el Triduo Pascual, que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo", una sola celebración que se extiende por tres días y que tendrá como cima la victoria gloriosa  de Cristo sobre la muerte.

Jueves Santo - Imagen Aciprensa
El Jueves "Día Santo"donde se instituyen por Cristo, tres regalos especiales dados a su Iglesia: El Sacerdocio Sacramental, el mandamiento Supremo del Amor y el Sacramento Santo de la Eucaristía.

El Jueves Santo Jesús instituye la Sagrada Eucaristía. Es la presencia sublime de Cristo que desea alimentar a cada hombre, sobretodo a los más débiles para ser su salvación y su vida. Por amor a las almas, se quedó prisionero en la Sagrada Eucaristía. Jesús nos espera en este Sacramento del amor.En efecto, es en el Sagrario, es en la Santa Hostia donde el Señor se nos hace tan cercano. También instituye el orden Sacerdotal porque no puede haber Eucaristía sin sacerdocio, ni sacerdocio sin Eucaristía.

Nunca vacilemos en esta fe, frente a tantos ofrecimientos de otras sectas y enemigos de la iglesia, quienes harán hasta lo imposible para confundirnos. Reafirmemos nuestra fe meditando en la palabra de Jesús: "Este es el Pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros pares y murieron; el que coma este Pan vivirá para siempre". (Juan 6,58)

jueves, 13 de abril de 2017

Jueves Santo: La cena del Señor.

El Jueves Santo Jesús instituye la Sagrada Eucaristía el mandamiento del amor y el Sacramento del Orden Sacerdotal. No puede haber Eucaristía sin sacerdocio, ni sacerdocio sin Eucaristía.

Imagen Aciprensa
La Eucaristía es la presencia sublime de Cristo que desea alimentar a cada hombre, sobre todo a los más débiles, para hacerles capaces de un camino de testimonio entre las dificultades del mundo. Él se dona a nosotros y nos pide permanecer en Él para hacer lo mismo.

En la Eucaristía se hace presente la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Cada Santa Misa, en efecto, hace revivir en el altar el momento más trágico y más solemne de la historia del mundo, cuando el Hijo de Dios se inmoló, sacrificándose a sí mismo para salvar a los hombres, sus hermanos rebeldes e ingratos. Se olvidan de que la Santa Misa no es un institución humana, sino divina, y que es el centro de la religión que como tal, une al hombre con Dios.

Muy claro fue el tercer mandamiento, dado por Dios en el monte Sinai: "Acuérdate de santificar las fiestas". Y cómo se le puede santificar si se suprime el mayor acto de culto, el más agradable a Dios, ofrecido por el Hijo al Padre?. Ninguna obra buena, ninguna oración, ningún sacrificio podrá jamás reemplazar a esta preciosa ofrenda que salva al mundo.